LA BONITA EUSKADI Y SU ESENCIA… 


Hace ya muchos años que me fui, y sin embargo cuando cierro los ojos aun puedo sentir su olor, ese que la hace tan característica, esa mezcla a tierra mojada y carbón.
 
En cada rincón tiene escondida su magia, desde la sonrisa de dientes apiñados de una mujer que labra la tierra desde el origen de sus entrañas, al verde que posee un verde único capaz de pintar cualquier día oscuros, su mar que cuenta secretos a gritos mudos, sus pueblos con más historia que el imperio Romano, y su lengua, esa que no se casa con ninguna otra lengua, que es soltera e independiente, y a su vez poseedora de infinitas peculiaridades según la esquina en la que te encuentres…
 
Sí, así es Euskadi, rica por sí misma.
 
Si tuviera que destacar un arte del lugar que me vio nacer, sin duda sería el arte culinario, donde calidad de producto, mimo y conocimiento se fusionan para deleitar el paladar de infinitas culturas con diversos gustos. En Euskadi, si hay que celebrar algo, que sea siempre con el estómago lleno de colores y sabores rodeados de una sonrisa amiga.
 
Porque ese es otro de su arte, su gente. A primera vista, en la capa más superficial, quizá un poco fría como su clima, pero en su interior tan acogedora como el fuego que arde en la chimenea de sus casas. Gente de gente, que disfruta el compartir.

Y así, compartiendo y abriendo sus brazos, Euskadi ha ido albergando en su interior artistas, que han crecido en un entorno con raíces sanas, nutridas de buenos alimentos, y rodeados de infinita naturaleza salvaje, que valorando lo auténtico que llevan en su linaje han apostado por darse a conocer al mundo.  


Ane Salaberria

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